El estado de coma y el alma

Vamos a empezar por lo más sencillo y básico. Somos físico, cuerpo; y somos alma, espíritu. Dos en uno. Y a la vez, somos uno más uno. Dicho de otra manera. El alma, que es etérea, no tiene materia y necesita de ella, de lo concreto, para estar en la tierra y elige un vehículo para alojarse, el cuerpo. Ambos van juntos. Sin embargo, en algunos momentos, mientras el cuerpo descansa y se recupera; el alma sigue aprendiendo, viajando, comunicándose y, lo hace en el plano astral.

El estado de coma, vendría a ser muy parecido al viaje astral. Mientras el cuerpo descansa, se recupera de sus heridas, enfermedades, etc.; el alma no está quieta. Puede ir adónde desee y relacionarse con quién quiera, vivir experiencias únicas y muy especiales. El estado de coma sería lo que se suele llamar una experiencia cercana a la muerte.

Algunas de las personas que han estado en coma, al volver a la unión con el cuerpo, es decir, lo que conocemos como «al despertarse»; suelen contar qué han vivido y hecho durante el tiempo que ha durado su proceso. Han estado viendo a sus familiares, médicos, han escuchado las conversaciones que había a su alrededor o en otro lugar, describiendo situaciones que aparentemente no podían conocer.

Otras personas, suelen relatar que creían estar muertos y, han vivido esta experiencia como el tránsito de la vida a la muerte. Han visto la luz, a sus seres queridos, a seres de luz o de más alta vibración y han charlado con ellos.

Algunos, suelen contar que han recibido la orden de volver a casa, de retornar al cuerpo, pues todavía no era el momento de partir. En otros casos, la decisión de regresar es individual: aún no han terminado de cerrar un ciclo, sus hijos son pequeños, aún tienen tareas pendientes de realizar, etc.

Suele ser difícil explicar todo lo que han vivido y sentido, pues las palabras no abarcan todas las emociones vividas. Un rasgo común en casi todas estas vivencias es que han experimentado mucha paz y amor. Incluso algunos de ellos, se enfadaba al saber que tenían que regresar.

El ser cuando está en coma no experimenta dolor, ni sufrimiento físico. Las emociones se viven de una manera menos intensa que cuando estamos encarnados. La conexión con uno mismo es casi total, teniendo un conocimiento de lo que sucede muchísimo mayor que el nuestro. Su nivel de conciencia se amplía y saben qué deben hacer o cómo trabajar el tiempo que les quede de vida. Podríamos hablar de vivir una segunda oportunidad estando vivos. De volver a nacer en vida, siendo mucho más conscientes de cuál es su misión o trabajo en la vida.

El vivir una experiencia de este tipo, no suele dejar indiferente a quién lo vive. Normalmente, al volver, cambian, entienden que la vida es un paso, un instante dentro de su propia eternidad. Su escala de valores también se transforma, siendo el amor una de las bases de su nueva vida. No suelen tener miedo a la muerte. Y a través de lo que han vivido, suelen ayudar a otros seres a vivir la vida con mayor plenitud y a disfrutar de ella.

Es cierto, que existe un pequeño porcentaje de personas que están en coma que no recuerdan nada de lo vivido o que su experiencia no ha sido agradable como el resto. En todo caso, la oportunidad de volver a poner en marcha su vida, sigue estando presente tanto para unos como para otros.

Cuando una persona está en coma, es importante saber que escuchan, entienden, oyen todo lo que les digamos aunque aparentemente no obtengamos una respuesta de ello. En alguna ocasión, si puede producirse alguna respuesta. Por ello, deberíamos ser cuidadosos con lo que comentamos delante de ellos. Podemos aprovechar estas ocasiones para expresar cuánto les queremos, lo que sentimos por ellos, podemos ponerles al día con lo que sucede, aunque seguramente estarán al tanto de lo que ocurre en su entorno y familia. Intentemos transmitir amor, cariño, que sepan que estamos a su lado.

Cuando se está en coma, cada ser, vivirá una experiencia personal y única, la que necesite para su aprendizaje. Recibirá la información precisa para su avance y progreso. Algunos, al regresar contarán lo vivido; otros, decidirán no compartir lo vivido. Todo es válido.

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